Cap. 3. El juego perpetuo

El juego perpetuo

Ni se le ocurra permitir que su niño se aburra. Si cae presa del tedio, puede tener malas ideas: atar a una amiguita, exhibirse impúdicamente, pintar al perro o escupir a los viandantes. Se dedicará a estas actividades tan poco recomendables porque usted no estuvo al tanto y no tenía pilas Energizer para los juguetes. Los publicistas tienen la solución. Con las pilas de larga duración, el niño podrá disfrutar de sus artilugios eléctricos intensivamente -el juego perpetuo- y no quedará resquicio para el aburrimiento ni para planes malévolos. Así que tome nota y siga el lema: Never let their toys die (“No permita nunca que sus juguetes mueran”).

Subyace aquí la idea muy extendida hoy de que los niños solo pueden ser felices jugando y, conforme a esta lógica, para que no dejen de ser felices no pueden parar de jugar. Este modo de entender el juego olvida algo que hace tiempo han puesto de manifiesto los teóricos de la dimensión lúdica humana: el juego es un intermezzo en las actividades cotidianas, en los quehaceres diarios, y solo cuando es entendido así puede ser verdaderamente disfrutado y valorado. Cuando todo es juego, en rigor nada lo es y, paradójicamente, el niño acaba saturado y aburrido… de jugar. Este fenómeno es frecuente en la sociedad actual; apoyándonos en clásicos como Aristóteles y en autores contemporáneos como Pascal Bruckner, lo analizamos y ponemos de manifiesto algunas dificultades en las que desemboca.

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